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Los derechos paso a paso VI: personas con discapacidad intelectual

08 de noviembre de 2019

Las imágenes de las personas que han votado por primera vez han estado este año en primera plana de los informativos; personas que se muestran orgullosas de votar, porque saben que tras el pequeño gesto de introducir la papeleta en la urna existen muchos años de movilizaciones con el objetivo de lograr el reconocimiento pleno de todos sus derechos. 
 

Miembro de Atzegi votando en marzo de 2019

Y es que han pasado seis décadas desde que las primeras familias comenzaran a movilizarse en los 60. Desde entonces, las diferentes exigencias se han ido solapando unas a otras, comenzando por la primera, que fue el reconocimiento social, hasta llegar al derecho a la educación, al trabajo, y al voto, entre otras muchas. 
 

Grupo de jóvenes de Atzegi disfruta del tiempo libre

Atzegi es una asociación de Gipuzkoa que tiene como objetivo garantizar los derechos de las personas con discapacidad intelectual, y se creó en 1960 por iniciativa de varias familias. Hoy en día Atzegi agrupa a más de 2.000 familias y trabajan en ella un amplio abanico de personas voluntarias. También, como reflejo de la relevancia que este sector de la sociedad ha adquirido en el territorio, el trabajo de muchas de esas personas se ha profesionalizado y ha impulsado la creación de empresas de gran calado económico y social, como Gureak.

No se respetaban los derechos de las personas con discapacidad intelectual

Patricia Ayo, Responsable del Servicio de apoyo familiar de Atzegi, subraya que “En el País Vasco, hasta bien entrados los 80, por mucho que la Constitución garantizara sus derechos, la realidad de las personas con discapacidad intelectual era otra. De hecho, Atzegi se constituyó en 1960 porque en ese momento no tenían derecho a nada, ni lo recogía la Ley, ni por supuesto lo aceptaba la sociedad”.

Voluntarias en el cross mixto de Zarautz

Las primeras reivindicaciones fueron iniciativa de familiares y amigos que veían cómo la sociedad los relegaba al ostracismo: “Al principio fue salir a la calle y reivindicar el reconocimiento. En su momento había mucho desconocimiento y, fruto de ello, se culpaba a las familias de la situación y las personas con discapacidad se ocultaban a la sociedad”, comenta Patricia Ayo. Ejemplo de ello son las declaraciones de las familias de aquella época, que puntualizan, en declaraciones realizadas para la revista de la asociación, que “ningún servicio les daba asistencia, ninguna escuela les admitía, incluso los parques públicos estaban cerrados para los niños con deficiencia”.

En la década de los 80 se acelera el cambio

En 1978 se aprobó la Constitución Española, que recogía que todas las personas tenemos los mismos derechos. Patricia Ayo valora la aprobación de la Constitución como un pequeño paso, subrayando que aunque para entonces la sociedad ya había comenzado a cambiar, la aprobación de la Constitución “probablemente impulsó al colectivo a salir a la calle”. Después, en diciembre de 1979 se aprobó el Estatuto de Gernika y se crearon las instituciones vascas, por lo que desde Atzegi subrayan que la relación con las instituciones se convirtió en algo más fluido y más sencillo: “Debido al nuevo marco político, administrativo y fiscal, y también a las opciones que abrió el Concierto económico, los responsables políticos conocieron mejor las necesidades de las personas con discapacidad intelectual y aumentaron los recursos económicos” –subraya Patricia Ayo-. Gracias a ese proceso, a partir de la década de los 80 aumentó la participación de las instituciones públicas y las personas con discapacidad intelectual comenzaron a integrarse en las escuelas ordinarias. En ese sentido, el trabajo realizado por las asociaciones con el Departamento de Educación fue muy importante. Con el paso de los años, una petición ha llevado a la otra, por ejemplo, “a medida que los niños se fueron haciendo adultos, comenzaron a reivindicar su derecho al trabajo”. A raíz de lo cual, en un principio se crearon los talleres ocupacionales de Gipuzkoa, que con el paso del tiempo, se convirtieron en Gureak.    
 

Alrededor del 85% de los trabajadores del Grupo Gureak tiene reconocida alguna discapacidad superior al 33%:

41% personas con discapacidad intelectual

22% personas con discapacidad física

14% personas con enfermedad mental

7% personas con discapacidad sensorial

Gureak es a día de hoy la segunda empresa más grande de Gipuzkoa y da trabajo a 5.817 personas. La Diputación Foral de Gipuzkoa, el Ayuntamiento de San Sebastián y Atzegi son miembros del Consejo de Administración.

Derecho a voto

Miembro de Atzegi votando en marzo de 2019

La Ley Orgánica de 5 de diciembre de 2018 estableció el derecho de votar para todas las personas con discapacidad intelectual. Como consecuencia de ello, en marzo de 2019 más de cien mil personas ejercieron por primera vez su derecho a voto. Tras un largo recorrido, las personas con discapacidad intelectual han logrado el derecho a votar y, a pesar de que sea un derecho igual de importante que los ya logrados, quizá sea el que mayor repercusión mediática ha tenido, con todo lo que eso conlleva.

Patricia Ayo analiza los inicios de esta reivindicación, que se origina debido a la situación jurídica en la que se encontraban esas personas, y que se había generado, en muchos casos, por puro desconocimiento: “Habitualmente una persona con una discapacidad intelectual cuando llega a los 18 años pasa a tener un tutor o tutora, y es esa persona quien le aconseja a la hora de tomar decisiones importantes, siempre en base a lo que el juez o la jueza haya establecido”. Patricia, explica que normalmente el tutor suele ser la madre o el padre, y que la tutoría depende del grado de independencia que demuestren los interesados, porque “a veces sólo necesitan que se les ayude con el tema económico patrimonial”, aclara. "Hasta ahora, respecto al voto, lo que ha venido ocurriendo es que se recogía en la sentencia de tutoría si a esa persona se le privaba del derecho al sufragio o se le mantenía, y cuando el juez no lo veía muy claro, se le negaba el derecho. Lo que ocurría es que en muchos casos, como la familia no sabía que tenía que pedir que se mantuviera ese derecho expresamente, la persona tutelada lo perdía”.

Como consecuencia, hay muchas personas que por pasar por ese procedimiento automáticamente perdieron el derecho de sufragio. “Esto es algo que ha tenido una larga cola, porque había personas que eran plenamente capaces de ir a votar y además querían hacerlo” aclara Patricia Ayo, que añade que por parte de las asociaciones en los últimos cinco años lo que sí se hacía era que una vez de ir al juzgado, se pedía expresamente que se le mantuviera ese derecho. “Había jueces que lo mantenían, y los había que no, era muy aleatorio y dependía de la sensibilidad del juez, del conocimiento del tema…”, por lo que la aprobación del derecho a voto ha venido a garantizar eso que dependía de la opinión de las juezas. Eso sí, la ejecución de la norma no ha estado exenta de polémica, frente a lo que desde Atzegi, Asociación de Gipuzkoa a favor de las personas con discapacidad intelectual, subrayan que “a nadie se le exige nada para poder votar, excepto a ellos” y que “es un derecho que hace que se sientan incluidos, y había que garantizarlo”.
Nuevos retos de cara al futuro 
 

alumnos y alumnas de practicas en un supermercado

A pesar de haber logrado el reconocimiento social, el derecho a votar y otros muchos derechos, existen otros muchos aspectos en los que se continúa trabajando hoy en día, dado que los cambios sociales y culturales permiten que la sociedad pueda gestionar los temas relacionados con la discapacidad intelectual de otra manera. Ejemplo de ello es la evolución que se está dando en torno al derecho al trabajo, en el cual se está trabajando para crear puestos a medida en empresas externas a Gureak, donde aquellas personas con discapacidad intelectual que quieran, puedan trabajar en base a sus capacidades, integrándose con el resto de trabajadores.

La sexualidad, un tema de actualidad

También en el aspecto de la sexualidad la mentalidad ha cambiado mucho, ya que la sociedad ha avanzado, existen métodos anticonceptivos accesibles y no hace falta tomar medidas drásticas como se tomaban antaño, comenta Patricia Ayo: “Hace cuarenta años se cortaba de raíz para evitar cualquier futuro problema, pero ahora se enfoca de otra manera, igual que aprenden otras cosas aprenden sexualidad, y se hace una gran labor de educación sexual con ellos”. Es por ello, que los miembros de las asociaciones dan mucha importancia a este tipo de educación, ya que “ellos entienden perfectamente que si tiene relaciones hay alternativas para no caer en un riesgo innecesario”, y por supuesto, tienen derecho a disfrutar de sus derechos como cualquier otra persona.

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