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Ana Eugenia Abásolo: "En los casos de violencia, existe un perfil de vulnerabilidad"

06 de marzo de 2020

Ana Eugenia Abásolo, Jefe del Servicio de Clínica Médico-Forense del Instituto Vasco de Medicina Legal, nos recibe en la planta cuarta del Palacio de Justicia de la calle Buenos Aires de Bilbao. Médico forense experta en psiquiatría, lleva más de 29 años bregando por los pasillos de los edificios judiciales de Bilbao. Hemos hablado con ella sobre los retos a los que se enfrenta tanto el Departamento de Clínica como la Unidad de Valoración Forense Integral (UVFI), una Unidad funcional creada específicamente para atender los casos de violencia familiar y violencia de género.

Ana Eugenia Abasolo junto a Marian Elizegi, psicologa y miembro de la UVFI

¿Cuándo se crea la Unidad de Valoración Forense Integral?

En 2004 se aprobó la Ley integral de Violencia de género, que estableció que se crearan unidades de valoración forense especializadas en violencia de género y en base a eso se crearon unidades especializadas en todo el estado, tanto en Sanidad, en la Policía como en Justicia. Pero en cada comunidad de España este proceso tuvo un encaje diferente. En nuestro caso se creó en 2009 la Unidad de Valoración Forense Integral de Euskadi (UVFI). El punto de partida de este servicio es que se hace una valoración integral de cada caso. Esto puede significar una valoración integral de la pareja o de la familia entera; no sólo tiene que ser de la víctima, sino también se valora al agresor, para tener un dibujo al completo del caso.

¿Cómo es el procedimiento para realizar la valoración?

Para empezar, hay que aclarar que los casos llegan a la UVFI derivados de los juzgados, esto significa que es la jueza o el juez el que solicita una valoración. Después, las familias o las parejas acuden a la Unidad el día que se les requiere; eso sí, víctimas y agresores acuden por separado y en días diferentes. Al entrar en la Unidad, las personas a valorar pasan en orden por diferentes entrevistas con diferentes profesionales: primero las entrevista la trabajadora social, después la psicóloga y por último el médico. El objetivo de esas entrevistas es entender entre todos los profesionales cual es la situación de las familias o las parejas para poder responder a la demanda judicial. Como equipo emitimos un informe por cada paciente y ese informe va firmado por las tres.  

¿Cuántas personas son valoradas por la UVFI en un año?

Aproximadamente vemos cerca de 400 expedientes al año. Hay que tener en cuenta que un expediente no corresponde a una persona sino a una denuncia, con las respectivas personas implicadas en cada caso.

Personalmente, como médico-forense del Servicio de Clínica Médico-Forense, también veo violencia en Guardia. Los médicos forenses hacemos guardias de 24 horas cada 8 días, tenemos un sistema de guardias en el que el método de trabajo es común y rotatorio, y se hace de todo: levantamientos de cadáver… lo que toque. Después, cada uno trabaja en su área, yo concretamente soy experta en psiquiatría, y la UVFI depende de psiquiatría, así que cuando no estoy de guardia trabajo en la UVFI.
Por eso digo que en la UVFI vemos cerca de 400 expedientes, que serán cerca de un 20% de todos los casos, porque dependemos de los juzgados; hacemos lo que el juzgado determine. El juez establece a quien se ve, nosotras en Bizkaia vemos sólo una parte de los casos que llegan de violencia de género o familiar.
 

Un momento de la entrevista en la sede de la UVFI

El trabajo en equipo, por lo tanto, es algo muy importante en la Unidad.

Es su razón de ser, porque el expediente se trabaja en equipo y como he dicho, las conclusiones tienen que ser coherentes, no pueden ser contradictorias. Y aunque parezca mentira, podemos tener puntos de vista discrepantes. El punto de vista de cada profesional depende de muchas cosas.

¿En qué casos podéis estar en desacuerdo?

En todos. Dentro de una familia, por ejemplo, imagínate a las víctimas, cada una de ellas te va a narrar su historia desde su punto de vista, y al final, sin querer, hay personas que te transmiten más credibilidad, y somos varias profesionales en cada valoración. Además, trabajamos con todos los tipos de violencia, la física, la psíquica, la sexual, la económica, todas. Y dentro de esto hay casos que son muy claros, por ejemplo, en la violencia física. Con esos casos no hay problema. Pero en el terreno psicológico a veces las cosas no están claras, dónde está el abuso o cuál es el conflicto. El conflicto es inherente con la vida, a mí no me preocupa el conflicto, porque problemas tenemos todos. Eso no significa que haya violencia. Pero el paso entre el conflicto y la violencia, ¿dónde está?

¿Suelen ser casos muy complicados?

Muchas de las historias son terriblemente abigarradas, trabajamos unas historias terribles y muy complicadas. Muchas veces me pasa que pienso, “lo que he oído hoy es imposible superarlo”. Pero eso cambia al día siguiente, que llega otra historia, y son tan rocambolescas… las personas que llegan son en general personas con unas vidas muy complicadas, muy muy complicadas.

¿Podríamos decir que existe un perfil?

Hay un perfil de vulnerabilidad. Nuestros principales pacientes son personas que proceden ya de entornos vulnerables. Bien porque vienen ya de familias con problemas, porque criarte en una familia en la cual ya hay violencia ya es un punto de partida tanto para los hombres como para las mujeres. Es como si la violencia atrapara.

¿Se convierte en una manera de comunicarse o relacionarse, quizá?

Atrapa. Es importante el tipo de personas con las que te relacionas, sin querer, ser víctima de violencia cuando eres niña te genera un riesgo muchísimo más elevado de ejercer violencia o de sufrirla cuando eres mayor.

Hablo de los perfiles que nosotros vemos, porque luego ves las estadísticas globales y no es verdad, dicen que la violencia no tiene una trasmisión intergeneracional. Esto último lo dicen las estadísticas generales. Pero en mi experiencia, viendo a la gente que pasa por aquí… aunque quizá yo también tengo una visión muy distorsionada de la realidad. Tratamos malos tratos, pero también vemos temas que tienen que ver con trata de personas: son vidas catastróficas, casos de abuso de menores que aparecen en páginas web… y cualquier menor no está en esas páginas, cualquiera no es captado por un hombre a las doce de la noche. Son víctimas propiciatorias. Ves todos los espectros, porque al final no es cuestión ni de clases sociales ni de país de procedencia, es cuestión del contexto que les rodea.

¿Existen estereotipos?

Muchos, y yo creo que hay que romper con ellos. Siempre asociamos la violencia con la pobreza, con las clases sociales bajas. Por mi experiencia te puedo decir que al final, las clases sociales altas tienen más medios y la violencia está mucho más cronificada, no se destapa, no se conoce. Sobre todo, se ve en los niños, en principio son niños aparentemente normales, que van al colegio hacen vida normal…

Para nosotros un punto de descubrimiento de la violencia son los servicios sociales. Aquel que solicita una ayuda de las instituciones, siempre va a tener un trabajador social al lado. Pero en los casos de las clases altas la Justicia necesita en especial a alguien que acceda ahí y te cuente, oye, este niño está mal, o a esta mujer le pasa algo; un niño necesita de un adulto que le ayude a llegar hasta aquí. Él solo no llega, no es como en las películas que llama por teléfono para decir que mi padre me maltrata, eso no es la realidad.

Lo que ocurre es que hay una gran brecha entre la medicina pública y la privada. Los protocolos son para todos, pero la medicina privada es privada, y no conozco en toda la vida que llevo aquí ningún médico ni ningún servicio clínico, nadie, nunca ha venido nadie de allá. Jamás, ni una agresión sexual, ni una violación. Nunca. Una víctima, por ejemplo, una chica que es agredida sexualmente, si va a una clínica privada ese día, ese expediente se va a estropear para siempre, porque si va a un hospital público se pone en marcha un protocolo, se le toman muestras a la mujer y eso después puede servir para buscar un sospechoso, al cual se le puede identificar. Pero si en esas primeras horas no hay una intervención forense o pericial, esas pruebas desaparecen para siempre. 

El equipo 
 

Miembros del quipo que compone la UVFI

El viernes es el día de la semana en el que equipo aprovecha para la puesta en común, hablar de lo ocurrido a lo largo de la semana y seguir desarrollando los cambios y adaptaciones que se traen entre manos, porque tal y como comenta Ana Eugenia Abásolo, al ser profesionales habituadas a trabajar de manera independiente, cuando se creó la Unidad “al principio fue muy complicado acercar posturas, y tuvimos que plantear dinámicas que propiciaran el entendimiento, ya que “el expediente se trabaja en equipo y las conclusiones tienen que ser coherentes, no pueden ser contradictorias, pero somos personas distintas, cada una con una historia personal y un bagaje personal que hace que podamos tener puntos de vista diferentes”.

En la foto, las integrantes de la Unidad de Valoración Forense Integral, de izquierda a derecha Ana Imaz (psicóloga), Ana Eugenia Abásolo (médica forense experta en psiquiatría), María Luisa de Francisco (médica forense exp. psiquiatría), Itziar Cámara (trabajadora social), Marian Elizegi (psicóloga), Ainara Sudupe y Ana Hidalgo (médicas forenses exp. psiquiatría); en la foto falta María Teresa Ruiz Herrera, que ese día estaba de guardia.

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